Un partido de barrio. Así lo definió Martín Masetto, juez de la final y juez de mil finales más en Torneos del Bajo. Pero ¿Qué es un partido de barrio? Es aquel jugado a muerte, pero sin histerias ni golpes bajos. Metiendo fuerte y aguantando sin llorar ni protestar la pierna hostil del rival. Fabert y Glew jugaron un partido de barrio en la final del Clausura de Salón 2012. Por momentos fue un partido de ajedrez, con movimientos medidos y con la certeza que cualquier descuido podía ser fatal. Así llegaron a seis minutos del final, repartiéndose el dominio y las llegadas. Pero apareció el Bata y lo definió. Sebastián De Oliveira fue delegado, capitán, figura y, ahora, goleador del Fabert Bicampeón (también ganó el Clausura de Futbol 11 en la B). Bata metió dos golazos, de esos que duelen al gritarlo, para coronar a su equipo en la final.
El primero fue un puntazo de zurda, desde la derecha, que sorprendió al arquero y se le clavó arriba de las manas. El segundo fue para ponerlo en un cuadro: anticipó por enésima vez por la izquierda, avanzó por su carril hasta quedar mano a mano con el arquero. Allí sacó a relucir toda su sabiduría y se la picó, estilo Messi, de zurda por arriba. Tremendo gol que desató el delirio de sus compañeros y seguidores. Luego quedó el tercero de Nicolás Ojeda para ponerle el moño al partido. Tres goles sobre el final para inclinar un partido muy chivo. De barrio, como se dice.