¿Cual es la sensación real, la que vale, la que queda? ¿El rendimiento o el resultado? Lo vivimos hace muy poco con Argentina vs Iran. Un rendimiento flojísimo de la selección, pero ese gol de Messi sobre el final cambió todo. Al menos nos quedó esa sensación, ese gusto dulce en la boca, luego de noventa minutos de amargura.
Lo mismo sucedió ayer con Spegazzini. El puntero llegaba para afirmarse, luego de su empate sin goles frente a Muñiz. Bucaramanga lo esperó muy bien armado y no lo dejó jugar. Lo partió al medio y lo tuvo knock out hasta el minuto 77. Pero el milagro se hizo presente sobre el final. Llegó el descuento de cabeza de Leandro Bentolila faltando tres minutos. Así como Messi clavó ese golazo sobre la hora, esta vez el traje de héroe fue para Leandro Aguilera, quien agarró un rebote y la clavó de zurda al segundo palo para el empate en dos. Golazo y desahogo para el equipo del Ronco.
Queda el análisis del juego. El equipo de Matías Gobio, por esos caprichos del fixture, se transformó en el termómetro de los dos punteros. Una semana atrás complicó a Cavalino y empató en cero. Esta vez le jugó una final a Spegazzini y mereció ganar. Fue más que su rival. Más claro. Más práctico. Tuvo una defensa de fierro y tuvo al mejor jugador de la cancha en Sebastián Valdovinos. El diez manejó los hilos de su equipo, cuidando la pelota, distribuyendo juego y metiendo pases precisos para sus delanteros. El equipo se sintió cómodo esperando al rival y metiendo contraataques. Por esa vía fueron sus dos goles. El primero promediando el primer tiempo, con excelente combinación definida por Maxi Lopez entrando solo por izquierda, tocando de derecha estilo Valdano en la final de México. El otro también de contragolpe pero en el segundo tiempo. Con un Spega jugado al ataque y defendiendo en línea al borde del colpaso. Llegó la bocha larga para el Rasta Gallol, ingresado en la segunda mitad. El delantero picó habilitado y definió por arriba, con un toque rápido y preciso. La bocha entró suave raspando la red. Era el dos a cero y todo definido. El puntero no le encontró la vuelta al partido en ningún momento. Darío Cantisano y Javi Lopez, los generadores de juego, estuvieron muy apagados. Sobraron los pelotazos sin destino. Sólo la movilidad de Nico de Biase generó algún peligro al rival. Incluso el nerviosismo ante la falta de ideas provocó la tonta expulsión de un defensor, insultando al línea sin ninguna razón, salvo la propia impotencia.
Pero ¿De qué vale todo este análisis si al final llegó esa ráfaga en tres minutos? La sensación final de Spegazzini es dulce. Pero debe mejorar mucho, ya que el fixture tiene otro capricho: en la última fecha se enfrenta con Cavalino, su escolta. Al momento del gol de Leandro Aguilera, en cancha dos Cavalino festejaba su agónica victoria frente a Leo Abrigate. Si ambos equipos mantienen cierta distancia en la próxima fecha, nos espera una final apasionante.