A un toque del final…campeones
La final se merecía este partido. Domingo soleado, contrastando con la lluviosa jornada trunca de siete días atrás. Multitud al costado, invadiendo la cancha literalmente, como si la cercanía les posibilitara a sus jugadores llegar antes a un cruce o patear con mejor dirección. Tremendo clima se vivió en la cancha 2 del Bajo Flores, donde A un toque y la RAI llegaban cabeza a cabeza al final de la meta.
Una semana atrás, el inesperado capítulo uno de esta historia dejó a los azules de la RAI arriba en la tabla. Tan sólo siete minutos y la lluvia torrencial obligó la suspensión. El parcial 1-0, con gol de Gonzalo Volpe, delineaba un partido distinto. La alegría azul duró poco. Yonathan Quevedo se encargó en seguida de poner el empate y todo volvió como al principio: La RAI al frente, con la obligación de ganar y A un toque agazapado, metiendo contraataques. Con ese esquema se jugó la primera etapa. Un derechazo de Mariano Rey que rebotó en el palo, tras una buena jugada individual y un centro de Alberto Bonaiuto que por centímetros no llegó a cabecear Gonzalo Bertini, con el arquero ya vencido fueron las más claras que tuvieron los azules para pasar al frente. Los pibes de Lugano se defendieron y metieron contragolpes, aprovechando la velocidad de sus bajitos. Se destacó su delegado, Damián Garay, quien obligó con sus arremetidas y luego defendió el resultado desde el fondo, sin dejar en claro cuál era su posición en la cancha.
La segunda etapa se jugó más con el corazón que con la razón. Con el correr de los minutos las piernas se fueron cansando y los ánimos se fueron caldeando. La búsqueda de La RAI tuvo su premio cuando, tras un tiro libre y una falla del arquero en la salida, Facundo Henriquez se encontró con la pelota y la empujó sobre la línea, decretando el delirio de la parcialidad azzurra. Llegaron las rojas, una para cada lado y bien aplicadas. El partido se moría con las arremetidas sin claridad de A un toque. El juez adicionó cuatro minutos y llegó el tiro libre decisivo. Frontal al arco, a unos treinta metros del objetivo, la zurda de Victor Zeballos la puso en comba y engañosa al segundo palo. Ni centro ni tiro al arco. Solo estaba Cristian Mauro, para rozarla sin desviar la dirección y ayudarla a que se cuele en la red. La estirada del experimentado Osvaldo Vidal (gran figura durante el encuentro) no pudo impedir el empate-victoria. Delirio blanco y rojo a minutos del final. Uno sólo se quedó con la gloria, pero los dos equipos se llevaron el reconocimiento de todos los presentes con un cerrado aplauso al finalizar el partido. Felicitaciones.